“Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un
niño nunca entrará en él” Marcos 10:15
Tengo siete sobrinitos y aprendo
mucho con ellos y de ellos. Encuentro muy interesante ver cómo es cada uno de
ellos, según sus edades y etapas de vida; el menor tiene 4 años y la mayor 12
años. Me fascina ver cómo los más pequeños dependen totalmente de sus padres
para, prácticamente, todo. Saben que todo lo que necesitan será provisto por
sus papás y que en cualquier problema, como si fueran súper héroes, sus padres
vendrán al rescate. Me llama la atención ver cómo al ir creciendo cada uno
quiere hacerse autosuficiente y autónomo. Mis sobrinas de 12 años ya actúan
como adolescentes y comienzan a tomar sus propias decisiones.
Pero, me pongo a pensar en mis
niños, en mis sobrinos, veo la mirada con la que ven a sus padres, las
actitudes que tienen hacia la vida, disfrutando de cualquier cosa que llega a
su camino, y hacia sus padres también: la confianza que tienen en ellos, la
dependencia total y el amor genuino. Y Jesús nos dice que seamos precisamente
así.
¿Cómo se puede "recibir el Reino de Dios
como un niño"?
Jesús nos pide un cambio de
actitud: la autosuficiencia de adultos se cambia por el reconocimiento de su
necesidad del soberano Dios, la actitud defensiva moral del adulto se
transforma al humillarse ante el Dios santo, la tenacidad escéptica del adulto se
rinde ante el amor de Dios.
Los niños no se sienten sumamente
poderosos (aunque jueguen a ser súper héroes), perfectamente justos, o
totalmente autónomos. Estas son las fantasías
que tenemos los adultos. Venir a Jesús significa aceptar Su bondad,
confesar nuestras necesidades, y dedicar nuestras vidas a Su voluntad.