Tenía la cara pálida y gritaba con todas sus fuerzas en un centro comercial. Es sábado de gloria y es un día más lleno que lo usual en el mol. Corría de un lado a otro, gritando un nombre. Mi familia y yo nos acercamos a él, preguntando si podíamos ayudarle en algo. Había perdido a su hijo, Jed, de 3 años.
Inmediatamente cada uno de nosotros nos dividimos y comenzamos a buscar al niño. Orábamos en nuestras mentes: "¡Señor, ayúdanos a encontrarlo, por favor, ayúdanos!"
Recuerdo la voz de ese padre angustiado y un tanto desesperado: "Jed! Jed!", gritaba.
Fueron pocos minutos cuando, justo frente a mis ojos, vi cómo ese padre abrió los brazos, corrió lo más rápido que pudo, y cargó a su hijo, abrazándolo fuertemente mientras Jed lloraba, asustado.
No pude evitar pensar: yo fui ese niño perdido, y Dios, mi Padre celestial, me encontró.
Estando en el mundo, perdida, alejada de la vida verdadera y del amor de mi vida, aún sin yo buscarlo en los lugares correctos, aún cuando yo fui la que me alejé, El me encontró a mí. Me encontró, me cargó, me abrazó.
"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado, sino en que El nos amó primero... Y en que, aún siendo pecadores, Cristo murió por nosotros."
Me siento identificada con aquel niño de ese centro comercial, paralizado, llorando, queriendo regresar con su papá, buscando en cada rostro, el rostro de su padre.
...Y me encontró...y me abrazó.
Porque yo sé que cuando buscamos a Dios, El se deja hallar. Y me siento tan privilegiada y honrada de haber sido elegida por El, de haber sido encontrada por El y amada desde antes de haber nacido.
Mañana es domingo de resurrección y agradezco a Dios por amarme tanto. Agradezco a Jesús por dar Su vida por la mía. Agradezco por la cruz y la tumba vacía. Agradezco que tengo al Espíritu Santo todos los días de mi vida. Agradezco que Jesús vive y yo puedo vivir también.
Hoy agradezco que Él me encontró.